Mensaje del Papa, Juan Pablo II, con motivo de
la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2004, que tiene
por tema "Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza".
La Jornada se celebrará en este año el domingo 23 de mayo. Como
es tradición, ha sido hecho público por la Sala de Prensa de la
Santa Sede en la festividad de san Francisco de Sales.
LOS MEDIOS EN LA FAMILIA: UN RIESGO Y UNA RIQUEZA
Queridos hermanos y hermanas:
1. El extraordinario crecimiento de los medios de comunicación
social y su mayor disponibilidad han brindado oportunidades excepcionales
para enriquecer la vida no sólo de los individuos, sino también
de las familias. Al mismo tiempo, las familias afrontan hoy nuevos
desafíos, que brotan de los diversos mensajes, a menudo contradictorios,
que transmiten los medios de comunicación social. El tema elegido
para la Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 2004,
es decir, "Los medios en la familia: un riesgo y una riqueza",
es muy oportuno, puesto que invita a una sobria reflexión sobre
el uso que hacen las familias de los medios de comunicación, y
también sobre el modo en que los medios de comunicación tratan
a la familia y las cuestiones que afectan a la familia.
El tema de este año sirve, además, para recordar a todos, tanto
a los agentes de la comunicación como a las personas a las que
se dirigen, que toda comunicación tiene una dimensión moral. Como
dijo el Señor mismo, de la abundancia del corazón habla la boca
(Cf. Mateo 12, 34-35). La estatura moral de las personas crece
o disminuye según las palabras que pronuncian y los mensajes que
eligen oír. En consecuencia, los agentes de la comunicación, los
padres y los educadores, tienen especial necesidad de sabiduría
y discernimiento en el uso de los medios de comunicación social,
pues sus decisiones influyen en gran medida en los niños y en
los jóvenes de los que son responsables y que, en definitiva,
son el futuro de la sociedad.
2. Gracias a la expansión sin precedentes del mercado de las
comunicaciones sociales en las últimas décadas, muchas familias
en todo el mundo, incluso las que disponen de medios más bien
modestos, ahora tienen acceso desde su casa a los inmensos y variados
recursos de los medios de comunicación social. En consecuencia,
gozan de oportunidades prácticamente ilimitadas de información,
educación, enriquecimiento cultural e incluso crecimiento espiritual,
oportunidades muy superiores a las que tenían en el pasado reciente
la mayoría de las familias.
Con todo, estos mismos medios de comunicación tienen la capacidad
de producir gran daño a las familias, presentándoles una visión
inadecuada o incluso deformada de la vida, de la familia, de la
religión y de la moralidad. El concilio Vaticano II captó muy
bien esta capacidad de fortalecer o minar valores tradicionales
como la religión, la cultura y la familia; por eso, enseñó que
"para el recto uso de estos medios es absolutamente necesario
que todos los que los utilizan conozcan las normas del orden moral
en este campo y las lleven fielmente a la práctica" ("Inter mirifica",
4). La comunicación, en todas sus formas, debe inspirarse siempre
en el criterio ético del respeto a la verdad y a la dignidad de
la persona humana.
3. Estas consideraciones se aplican especialmente al modo en
que los medios de comunicación tratan a la familia. Por una parte,
el matrimonio y la vida familiar se presentan a menudo de un modo
sensible, realista pero también benévolo, que exalta virtudes
como el amor, la fidelidad, el perdón y la entrega generosa a
los demás. Esto vale también para los programas de los medios
de comunicación social que reconocen los fracasos y las decepciones
que sufren inevitablemente los matrimonios y las familias --tensiones,
conflictos, contrariedades, decisiones equivocadas y hechos dolorosos--,
pero al mismo tiempo se esfuerzan por discernir lo correcto de
lo incorrecto, distinguir el amor auténtico de sus falsificaciones,
y mostrar la importancia insustituible de la familia como unidad
fundamental de la sociedad.
Por otra parte, con demasiada frecuencia los medios de comunicación
presentan a la familia y la vida familiar de modo inadecuado.
La infidelidad, la vida sexual fuera del matrimonio y la ausencia
de una visión moral y espiritual del pacto matrimonial se presentan
de modo acrítico, y a veces, al mismo tiempo, apoyan el divorcio,
la anticoncepción, el aborto y la homosexualidad. Esas presentaciones,
al promover causas contrarias al matrimonio y a la familia, perjudican
al bien común de la sociedad.
4. Una reflexión atenta sobre la dimensión ética de las comunicaciones
debe desembocar en iniciativas prácticas orientadas a eliminar
los peligros para el bienestar de la familia planteados por los
medios de comunicación social, y asegurar que esos poderosos medios
de comunicación sigan siendo auténticas fuentes de enriquecimiento.
A este respecto, tienen una responsabilidad especial los agentes
de la comunicación, las autoridades públicas y los padres.
El Papa Pablo VI subrayó que los agentes de la comunicación
"deben conocer y respetar las exigencias de la familia. Esto supone
en ellos a veces una gran valentía y siempre un hondo sentido
de responsabilidad" ("Mensaje para la Jornada mundial de las comunicaciones
sociales de 1969"; L'Osservatore Romano, edición en lengua española,
18 de mayo de 1969, p. 2). No es tan fácil resistir a las presiones
comerciales o a las exigencias de adecuarse a las ideologías seculares,
pero eso es precisamente lo que los agentes de la comunicación
responsables deben hacer. Es mucho lo que está en juego, pues
cualquier ataque al valor fundamental de la familia es un ataque
al bien auténtico de la humanidad.
Las autoridades públicas tienen el grave deber de apoyar el matrimonio
y la familia en beneficio de la sociedad misma. En cambio, muchos
ahora aceptan y actúan basándose en argumentos libertarios infundados
de algunos grupos que defienden prácticas que contribuyen al grave
fenómeno de la crisis de la familia y al debilitamiento del concepto
auténtico de familia. Sin recurrir a la censura, es necesario
que las autoridades públicas pongan en práctica políticas y procedimientos
de reglamentación para asegurar que los medios de comunicación
social no actúen contra el bien de la familia. Los representantes
de las familias deben participar en la elaboración de esas políticas.
Los que elaboran las políticas en los medios de comunicación y
en el sector público deben favorecer también una distribución
equitativa de los recursos de los medios de comunicación tanto
a nivel nacional como internacional, respetando la integridad
de las culturas tradicionales. Los medios de comunicación no deben
dar la impresión de que tienen un programa hostil a los sanos
valores familiares de las culturas tradicionales, o de que buscan
sustituir esos valores, como parte de un proceso de globalización,
con los valores secularizados de la sociedad consumista.
5. Los padres, como primeros y principales educadores de sus
hijos, son también los primeros en explicarles cómo usar los medios
de comunicación. Están llamados a formar a sus hijos "en el uso
moderado, crítico, vigilante y prudente de tales medios" en el
hogar ("Familiaris consortio", 76). Cuando los padres lo hacen
bien y con continuidad, la vida familiar se enriquece mucho. Incluso
a los niños pequeños se les pueden dar importantes explicaciones
sobre los medios de comunicación social: que son producidos por
personas interesadas en transmitir mensajes; que esos mensajes
a menudo inducen a hacer algo --a comprar un producto, a tener
una conducta discutible-- que no beneficia al niño o no corresponde
a la verdad moral; que los niños no deben aceptar o imitar de
modo acrítico lo que encuentran en los medios de comunicación
social.
Los padres también deben reglamentar el uso de los medios de
comunicación en el hogar. Esto implica planificar y programar
el uso de dichos medios, limitando estrictamente el tiempo que
los niños les dedican, haciendo del entretenimiento una experiencia
familiar, prohibiendo algunos medios de comunicación y excluyéndolos
periódicamente todos para dejar espacio a otras actividades familiares.
Sobre todo, los padres deben dar buen ejemplo a los niños, haciendo
un uso ponderado y selectivo de dichos medios. A menudo les podría
resultar útil unirse a otras familias para estudiar y discutir
los problemas y las oportunidades que plantea el uso de los medios
de comunicación. Las familias deberían manifestar claramente a
los productores, a los que hacen publicidad y a las autoridades
públicas lo que les agrada y lo que les desagrada.
6. Los medios de comunicación social poseen un inmenso potencial
positivo para promover sanos valores humanos y familiares, contribuyendo
así a la renovación de la sociedad. Conscientes de su gran fuerza
para modelar las ideas e influir en la conducta de las personas,
los agentes de la comunicación social deben reconocer que no sólo
tienen la responsabilidad de brindar a las familias todo el estímulo,
la ayuda y el apoyo que les sea posible con vistas a ese fin,
sino también de practicar la sabiduría, el buen juicio y la honradez
al presentar las cuestiones que atañen a la sexualidad, al matrimonio
y a la vida familiar.
Los medios de comunicación cada día son acogidos como huéspedes
habituales en muchos hogares y familias. En esta Jornada mundial
de las comunicaciones sociales, exhorto tanto a los agentes de
la comunicación como a las familias a reconocer este privilegio
único, así como la responsabilidad que implica. Ojalá que todos
los que están comprometidos en el ámbito de las comunicaciones
sociales sean conscientes de que son los auténticos "dispensadores
y administradores de un inmenso poder espiritual que pertenece
al patrimonio de la humanidad y está destinado al enriquecimiento
de toda la comunidad humana" ("Discurso a las personas comprometidas
en el campo de las comunicaciones sociales", Los Ángeles, 15 de
septiembre de 1987, n. 8: L'Osservatore Romano, edición en lengua
española, 18 de octubre de 1987, p. 14). Y ojalá que las familias
logren encontrar siempre en los medios de comunicación una fuente
de apoyo, estímulo e inspiración al tratar de vivir como comunidades
de vida y amor, educar a los jóvenes en los sanos valores morales
y promover una cultura de solidaridad, libertad y paz.
Vaticano, 24 de enero de 2004, fiesta de San Francisco de Sales
IOANNES PAULUS II